La semana pasada tomé un taller de transcripción automatizada con Python. A mí se me había olvidado que me había inscrito a ese taller. Estaba tentado a no presentarme, pero por suerte me resistí y sí me conecté a las reuniones. De los cursos recientes que he tomado, este ha sido uno de los que más me ha gustado y más me ha emocionado. En el apartado de fine-tunning, pude ver un ejemplo práctico en un área que me interesa de las técnicas de aprendizaje automático que he visto en la maestría. Me ayudó a sentir que no me he equivocado tanto, como seguido siento, en estudiar este posgrado.

Muchos participantes del taller batallaron con problemas técnicos que a mí me parecen muy sencillos de entender, por lo que, al tomarlo, sentí que la materia optativa que propuse para este semestre sí podrá servirles a los estudiantes. Y que quizá sí tengo algo que enseñarles. En días pasados solo deseaba que no se llenara el cupo mínimo del curso, pero otra vez pude emocionarme al imaginarme dando clases.

Un problema que he tenido al planear las materias es que a cada rato se me ocurre una manera diferente de enseñar cierto tema. Quiero atiborrarlos de lecturas y de ejercicios. Y al pensar en todo lo que quiero compartirles, caigo en cuenta de todo el tiempo que me ha tomado aprender lo que hasta ahora sé.

Quiero enseñarles de la manera en que yo aprendo, pero no sé si realmente sea una buena idea, porque parece que hago todo muy diferente y -––seguido siento––– las hago mal.

Solo espero que no me odien y que lo que puedan tomar de mí les sirva en el futuro.

El salón en donde daré clases es el mismo salón donde aprendí a programar. Cuando era ayudante del laboratorio de lingüística, había mucho tiempo muerto, así que lo utilicé para leer un libro llamado Introduction to Computer Science with Python. En algún momento pensé en utilizar ese mismo libro para las clases, pero lo descarté porque el libro utilizaba Python 2 y los ejemplos estaban muy alejados de la lingüística.

En línea encontré el borrador de un libro llamado Python for Linguists. Desde 2020 no parecía tener ninguna actualización, así que le escribí al autor para saber si lo había terminado. Me dijo que no y que había desistido de la tarea porque consideraba que ya había muchos materiales disponibles y me recomendó algunos de ellos.

Estoy elaborando con ayuda de Claude mis propios materiales. Es verdad que ya hay muchos materiales, pero no en español. Y es verdad que si quieren desenvolverse en este campo, deben aprender inglés, pero quisiera contribuir a al menos quitar una barrera de ingreso. Hay una anécdota que no he logrado encontrar sobre un programador ruso, a quien le pregunta cómo aprendió a hablar inglés tan rápido, a lo que solo contestó: “Fue muy fácil porque el inglés se parece mucho a C”.

Eso me recuerda por qué para mí enseñar a programar e impartir política del lenguaje va muy de la mano.

Cuando visité el Museo del Hangeul, en Seúl, a mí me impresionó cómo los coreanos se esforzaron en adaptar cada nueva tecnología para poder escribir en su idioma, desde el sistema de tipos móviles hasta las computadoras. Hasta hace algunos años, probablemente era Samsung el que tenía el mejor sistema de reconocimiento del habla para el coreano. Esto ha sido posible porque en cada generación, han habido personas dentro de Corea que activamente han buscado apropiarse de las tecnologías de los países que los han colonizado. Hubiera sido más sencillo poner peros: los caracteres del hangeul son muy complicados, su población no es económica significativa, etcétera.

Al decidir qué lengua utilizar para desarrollar cierta tecnología, o cuál merece ser adaptada, hay ahí detrás una política del lenguaje.

Por ello, en este mundo cada vez más dominado por la plutocracia de las Big Tech, considero que es muy importante que la gente se apropie de las tecnologías que estas compañías están desarrollando. Cada quien debes ser capaz de desarrollar sus propias herramientas que responda a las necesidades de su entorno (y no solo a las que el capital encuentra lucrativas).

Ya tengo sueño. Si continúo, quizá empiece a desvariar.