En meses recientes me he puesto a explorar muchos materiales peer-reviewed de publicación reciente, lo que me ha hecho reflexionar sobre el acceso cada vez más limitado a investigación de vanguardia.

La industria del acero en Namibia

Como ya han pasado cinco años y este tiempo se sale del Non-Disclosure Agreement, les puedo platicar un poco de un encargo que recibí en 2021 para escribir sobre la industria del acero en Namibia.

El cliente era un inversionista de commodities en diferentes países de África. Namibia era uno de los países donde él veía potencial de inversión. Independizado en 1994 de Sudáfrica, Namibia es el país con segunda menor densidad de población en el mundo (después de Mongalia) y su economía se basa demasiado en la extracción de materias primas, sobre todo minerales. El hierro es uno de los minerales con más reservas identificadas ahí. Por este motivo, había proyectos para impulsar también la industria del acero en Namibia.

Al escribir sobre el tema, me enteré que el consumo de acero se ha utilizado como un indicador de modernización y crecimiento de un país. La expansión capitalista requiere de este metal para construir maquinaria pesada, rascacielos y vías del tren. Desafortunadamente, este progreso está muy lejos de ser amigable con el ambiente. La industria siderúrgica contribuye entre un 7% y 8% de las emisiones de gases invernadero total al año. Convertirla en una industria sustentable es uno de los mayores retos actuales, ya que para transformar el hierro en acero se requiere de altos hornos que solo pueden conseguir ciertas temperaturas con coque, un combustible áltamente contaminante hecho con 95% de carbón.

La página de internet donde se publicó el artículo ya no existe. No recuerdo siquiera si dejé algún borrador en algún lado. Me costó trabajo escribirlo. Tuve que leer reportes de mercado, de sustentabilidad, estadísticas de las exportaciones e importaciones de Namibia. También tuve que entender por qué no todo yacimiento de hierro sirve para la producción de acero. Y después de digerir toda esa información, tenía que plasmarla en un texto ameno y mejorado para SEO.

Aunque me entretenía el trabajo, me sentía como Sísifo. Cada día creaba artículos cuyo objetivo principal no eran ser leídos, sino mejorar la autoridad de un sitio web en particular y crear una fachada de credibilidad para las personas que pagaban por artículos en específico. Sabía que en algún momento todo lo que escribía iba a desaparecer. Ya había trabajado en proyectos similares. Por su caracter temporal, también sabía que esos artículos dejarían de ser pronto relevantes.

Lo único valioso para mí en ese trabajo, además de la paga, era la oportunidad de aprender un poco sobre temas a los que nunca hubiera llegado por mí mismo. Aún así, ¿cuándo volvería a necesitar saber sobre la industria del acero?

BREX

En una materia de la maestría, que bien podría llamarse «Capitalismo buenaondita», debemos crear un proyecto de innovación social para una empresa de alguno de los integrantes del equipo.

Una de las compañeras del equipo trabaja para una empresa basada en Austria, que se encarga en el desarrollo e implementación de tecnología para el acero. El objetivo de la empresa es ayudar a sus clientes cumplir con la legislación ambiental actual en sus países.

Y por esos azares, me he visto en las últimas semanas leyendo otra vez sobre la industria del acero. He descubierto que en la útlima década se han investigado procesos que no requieren de altos hornos para la fabricación de los predecesores del acero, con un método llamado cold extrussion. He tenido que leer, aunque sea por encima, artículos que hablan sobre la resistencia organizacional a la adopción de nuevos procesos y el escepticismo que existe por esos nuevos métodos verdes, ya que todavía no cuentan con estudios suficientes en diferentes condiciones para mostrar su viabilidad. Mi compañera trabaja en específico con un proceso conocido como «BREX».

Muchos de los artículos que he consultado son muy recientes, no existían cuando escribí por primera vez del acero. He podido acceder a ellos sin problema gracias a mi cuenta institucional, pero por ser posteriores al 2020, no es sencillo encontrarlos en los sitios que suelen ser mi fuente de consulta de material especializado, lo cual me hace pensar sobre qué haré cuando, nuevamente, no vuelva a tener un medio de acceso institucional para artículos académicos.

Un jardín amurallado

Para escribir los artículos que me encargaban, dependía mucho de todo lo que pudiera conseguir en Libgen, Sci-Hub y deshabilitando JavaScript para burlar las paywall de los portales de noticias.

Empecé a trabajar de esta manera en abril de 2019. Sin embargo, para mediados de 2020 empezaba a sentir que era cada vez más difícil conseguir los artículos que necesitaba como referencias.

La adopción de 2FA en los sistemas de acceso de las universidades ha vuelto aún más difícil compartir esos artículos. Sci-Hub dependía de llaves compartidas por personas pertenecientes a diferentes universidades para descargarlos. Con el 2FA, ya no basta simplemente compartir una contraseña.

A mí me llena de desánimo ver que Internet pasó de ser un Parque Nacional en el que todo mundo podía explorar libremente, a un grupo de jardines amurallados donde hay que pedir permiso (y pagar) para acceder a los contenidos más recientes.

Esta falta de accesibilidad tiene consecuencias en muchos niveles. Si quieres acceder a los resultados de las investigaciones más recientes, debes pertenecer a alguna de las universidades con más recursos en el mundo, o debes tener la capacidad económica para pagar una gran cuota de acceso. Los investigadores en geografías marginalizadas quedan excluídos del derecho de explorar los resultados más recientes de su área.

Luego, no es del desconocimiento público que los LLM se han alimentado de la producción académica disponible en las bibliotecas piratas. Anthropic fue multado por descargar más de 7 millones de libros y artículos de LibGen y otras bibliotecas en línea. Es decir, queramos o no, el desarrollo de las tecnologías de la información de vanguardia han dependido del libre acceso a la información, haya sido esto dentro de la legalidad o no.

El conocimiento no debería ser un producto de privilegio. Doy gracias que, por ahora, puedo pagar una cuota que me da acceso a ese privilegio, pero si permitimos de manera pasiva a que esta situación se convierta en lo normal, perderemos un pilar necesario para la construcción de una sociedad informada y libre.