Encuentros lejanos
Hoy sentí que iba a tener un ataque de ansiedad. Dormí mal anoche y me preocupan varias tareas pendientes que tengo para esta semana.
Salí a desayunar en un restaurante ubicado a lado de donde estoy viviendo. Estaba por terminar mi café cuando se me acercaron dos de mis roomies, Alexia y Perú. No me acuerdo del nombre de Perú, pero le dicen Perú porque es de Perú. Muy originales. Perú explicó que Alexia fue quien decidió acercarse a mí porque me vieron comiendo solo. Los animé a quedarse un poco más en el restaurante. Me abordaron en un momento oportuno. Hoy había decidido comer fuera porque necesitaba ver gente. Prepararme la comida y sentarme solo en la mesa no me abría el apetito. Como gesto de agradecimiento implícito, los acompañé en su desayuno, hasta que me cansé y me encerré en el cuarto.
En el cuarto otra vez sentí que iba a tener un ataque de ansiedad, así que decidí bañarme. Al prepararme para el baño, me di cuenta que ya no tenía ropa interior limpia. Agarré mis prendas para meterlas en la lavadora. Perú y Alexia ya habían acabado su desayuno, ahora tenían un papel rosa en la nariz cada uno.
«¿Y ahora?», les pregunté. «¿Es para los puntos negros?».
«Sí, ¿quieres uno?», me dijo Alexia. Se paró y fue por una tira como la que ellos tenían. Al dármela, le dijo a Perú. «¿Ya te diste cuenta que él tiene bonita nariz?». «¿Te la operaste?», me preguntó. «No, así es mi nariz». Sonreí un poco. Tenía tiempo que no me decían un cumplido sobre mi nariz. Pensé que, con la edad, se había hecho fea. Fea y ruidosa. O al menos normal.
«Gracias, tenía tiempo que no me lo decían», le dije a Alexia.
Me fui a mi cuarto y sentí otra vez una presión en mi pecho. Quise saber si alguien me había escrito recientemente por Slowly. La última carta que envié fue a un chico de Brasil, Mike, quien me dijo que tenía un amigo autista que estudiaba Astrofísica. Él me había dicho que no importaba si yo me tardaba mucho en responder, pero que no me tardara más de tres meses porque borraba los contactos después de ese tiempo.
Al revisar la app, solo esperaba encontrarme con alguna carta de Mike. Pero Mike no había respondido aún. En los correos entrantes solo había un mensaje de Malasia que me respondía a una carta que envié hace cuatro años.
Revisé el historial de nuestra conversación. Sí me acordaba de nuestro intercambio, pero por alguna razón había asumido que era hombre. Pensé que me había dejado de responder porque dije algo que le molestó. Lo único que se me ocurría que podría haberle molestado era decir que estaba leyendo literatura rusa en protesta de la tendencia de cancelación de la cultura rusa por la guerra de Ucrania. En mi mente, a ella le había molestado que me gustara Chejov.
Al leer su carta, sentí que estábamos con los mismos ánimos. Y revisar la última carta que le mandé me obligó a poner todo en perspectiva. Era marzo de 2022. Yo estaba desempleado y administrando con cuenta gotas mis ahorros. Le dije en la carta: «me he sentido feliz, lo cual es poco común».
La felicidad se volvió un sentimiento común poco después.
No sé cómo cuidar mejor de mí, pero he intentado no ser tan duro conmigo. Lo he hecho mal. Me desvelo y me malpaso. Todo lo que hago para cuidarme solo funciona por un rato.
«Quizá todo funciona solo por un rato, Paulo. Después hay que innovar».
No tenía ganas de escribir hasta que me escribió Ned.
Hoy fue un buen día.