Ayer me estaba molestando con mi abuela porque me preguntaba si no necesitaba tal cosa, si esto no era mío, si no me quería llevar otras cosas más en la mochila.

Yo me encontraba bastante tenso. Dormí mal el día anterior. No he tenido tiempo de terminar mi tarea. Me la pasé pensando qué ropa llevar sabiendo que va a hacer bastante frío, y también para verme un poco formal en la clases.

Los lentes se me olvidaron en casa de mi madre y ella me los llevó a casa de mi abue.

Cuando estaba por subir al taxi, sentí que debía pedirle una disculpa a mi abue. Me enojé y le respondí mal mientras me intentaba ayudar. Me ha ayudado mucho estos meses. Así que la abracé, le di un beso y le pedí disculpas por todas las molestias que le causé y le agradecía mucho que me recibiera estos meses.

«Esta es tu casa, mijo», me dijo ella. Y sí, su casa es donde más me han hecho sentir como casa, con todos los desperfectos que tiene.

Me gustaría poder cuidar mejor de mi abue y mi tía.

Mi madre me acompañó a la estación. Me preguntó si quería su compañía hasta que se fuera el camión. «Como tú prefieras» le dije. «¿Quién te va a ayudar con tus cosas cuando llegues?» me preguntó. «Allá yo me las arreglo como pueda, como siempre lo he hecho». Cuando mi madre se fue, me dieron ganas de llorar, pero me contuve.

«¿No puedes hacer nada tu solo?», me reclamé. Y al mismo tiempo agradecía la compañía de mi madre y mi abuela. Sí, hubiera podido hacer todo solo, pero agradezco que me hayan ayudado.

Aquí ya me las arreglé. Hice la despensa e intenté prepararme nopales como me los hace mi abue. Pero la verdad, yo no sé si los asa o los hierve. Tampoco recuerdo si les ponía cilantro.

Me ha gustado el sitio en donde me he quedado, aunque hay unas personas un poco ruidosas arriba. La sala es bastante amplia y hay un jardín. El cuarto es pequeño, pero yo no necesito demasiado espacio.

Estoy nervioso, cansado y desanimado. Quisiera compañía, pero al mismo tiempo siento que no estoy en condiciones de socializar. Intento no forzar nada.