Juegos infinitos: el proceso sobre el resultado
Este año lo comencé con un nuevo proyecto en la empresa en que trabajo. Como todavía no tenía acceso a los repositorios del nuevo proyecto, la primera semana de trabajo me dediqué a leer los documentos de onboarding del cliente. Entre los materiales se encontraban los valores del equipo de ingeniería, que decía en una sección «creemos que el desarrollo de software es un juego infinito», e incluían un enlace a una plática de Simon Sinek donde explica la diferencia entre juegos finitos e infinitos. No estoy seguro que el enlace es el mismo que comparto aquí, pero Sinek explica los mismos conceptos con los mismos ejemplos.
No recuerdo haber escuchado antes esta diferencia entre juegos finitos e infinitos, pero me resonaron bastante las ideas de Sinek en cuanto las escuché. Para no obligarlos a ver el video, les ofrezco este resumen: en un juego finito es claro cuándo alguien gana el juego. En un juego infinito, nadie gana, lo importante es mantenerse en el juego. La mayoría de la gente comete el error de pensar como un juego finito dinámicas que en realidad son juegos infinitos. Sinek ofrece ejemplos en los negocios, pero podríamos llevarlo a situaciones personales.
De más joven creía jugar un juego finito. Debía ganar mostrando que era el mejor en el área en que me desenvolviera. Sin embargo, esta exigencia, en donde ni siquiera consideraba mis propias limitaciones económicas o emocionales, me hizo en más de una ocasión ponerme en situaciones límites donde no podía conmigo y solo quería dejar el juego.
En años recientes he cambiado mi perspectiva. Por ejemplo, en algún momento dejé de jugar ajedrez porque acepté que el tiempo que necesitaba dedicarle para ser bueno era demasiado y yo no tenía tanta disposición de tiempo. Después de varios años de no tocar un tablero, me pregunté por qué dejé de hacer algo que me gustaba solo porque no podía ser suficientemente bueno. Ahora para mí ganar o perder una partida ya no es demasiado importante, sino lo importante es lo que aprendo o pongo en práctica en cada partida. Esto no quiere decir que no intente ganar, siempre juego queriendo ganar, pero disfruto más una derrota en una partida reñida con un rival más experimentado que yo, que una victoria sencilla contra un rival que ni siquiera sabe colocar las damas en la posición correcta del tablero. El ajedrez no concluye con un jaque mate o con una partida en tablas, sino cuando ya no quieres jugar otra partida más.
Aún así, reconozco que en ocasiones mi mente todavía me dice que compito en un juego finito: «te has atrasado en tu desarrollo profesional, académico y personal». Este pensamiento me hace sentir la obligación de compensar mi rezago y olvido que es más importante mantener el paso que avanzar muy rápido.
En un juego infinito lo importante no es ser el primero o el mejor, lo importante es mantenerse en el juego.