Desesperanza
No soy buen trabajador, ni buen estudiante, ni buena pareja. Tampoco siento ser un buen amigo.
Una máquina ahora puede hacer más rápido algo que me costó aprender y en lo que era relativamente bueno.
No me puedo imaginar un mundo vivible en 10, 15, 20 años. Me cuesta imaginarme a mí en un lugar tranquilo y seguro.
Todo lo que disfruto del planeta está desapareciendo: la diversidad biológica, la lingüística, la creativa. Las noches llenas de estrellas.
Desearía que esta situación diera pie a una revolución que cambie radicalmente el rumbo al que nos dirigimos.
Debemos proteger el planeta. Necesitamos proteger a las generaciones futuras, a quienes no desearon nacer aquí, pero tendrán que aguantar el precio de nuestra imprudencia e inacción.
En verdad quiero hacer algo, pero luego siento que, como siempre, solo estorbo.
Alguna vez creí que podía escribir sobre la injusticia e informar sobre los esfuerzos de resistencia.
Alguna vez creí que podía acompañar a los pueblos que luchan. ¿Cómo podría hacer tal cosa, si ni sé reaccionar ante una emergencia? Ni siquiera sé cómo acompañar a mis amigos cuando lo necesitan.
Ahora solo tengo miedo de volver a estar sin nada. No me siento con energías para nadar otra vez contracorriente.
Quisiera ser más fuerte, como una secoya. Quisiera tener esa habilidad de hablar con la gente para entender sus problemas. Quisiera poder convencerlos de hacer lo correcto, pero, ¿yo sé qué es lo correcto?
En días como hoy solo pienso que la única manera en que puedo ayudar es desvaneciéndome.