Caras conocidas en rostros nuevos
Me inscribí a una materia extracurricular del Tec. La escogí usando el criterio de que estuviera en un horario que se me acomodara. Eso redujo mucho las opciones y, de las opciones que quedaron, la que más me interesó fue de dibujo digital. Pensé que me podría servir un poco para aprender a editar mis fotos y hacer pixelart.
Soy el único de posgrado en esa clase. Los demás no sé si están en prepa o carrera, pero se nota que están muy metidos en artes digitales. «Debo aprender Blender en una semana», escuché decir a una chica, que le preguntaba después a uno de sus compañeros «¿crees que pueda?». Le respondí en mi cabeza, sin decir ninguna palabra «sí, sí puedes». Yo intenté aprender Blender hace más de quince años. No pude no porque fuera difícil, simplemente mi computadora colapsaba por los recursos que exigía el programa. Abandoné interés al darme cuenta que no podía comprar el hardware requerido.
En el proyector del salón se reproducía una pantalla con las Huntr/X de fondo. La profesora estaba inmersa en no sé qué cosa y yo simplemente me quedé parado, sin decir nada. Después de un rato me notó. Le informé que estaba inscrito en la materia, me dijo que tomara una computadora y después se sentó a mi lado para presentarse y explicarme la dinámica de la clase.
Estaba muy cansado ese día. Casi no dormí la noche anterior por terminar la edición de un video para una materia de la maestría, así que yo creo que me portaba más extraño que de costumbre. Llevaba colgando la mordedera porque he tenido mucha ansiedad en estos días. Me la escondí cuando la maestra se me acercó. Es más joven que yo, pero hablaba como si fuera más grande. Me dijo que estudió animación digtal en el Tec, pero «en mis tiempos no había tantas opciones como ahora». Estudió en 2019 y eso a mí me pareció como hace poco. «Lamentablemente en México no hay muchas opciones para hacer animación», me dijo. Yo empecé a hablarle de todos los programas que conocía de apoyo a la animación. En mi trabajo, además, luego buscaban especialistas en modelado 3D. Me callé al darme cuenta que quizá hablaba de más. Pensé que probablemente ella sabía más que yo sobre todo el ecosistema y que no le decía nada que ella no supiera. Finalmente, el campo de las artes suele ser competido y mal pagado, aunque haya muchas opciones.
No pude dejar de notar semejanzas de la maestra con otras personas que he conocido. Intentaba ignorar esas semejanzas, suelen ser engañosas. Quizá todas las personas que dibujan se parecen un poco.
La maestra me puso unos videos y unos ejercicios de aprecicación. Me gustó hacer los ejercicios, me obligaban a ver con más detalle la composición de diferentes ilustraciones. Uno de los compañeros de la clase me pasó después un libro sobre cómo fue el proceso creativo de Spider-Man: Into the Spider-Verse. No sabía si era de él o lo estaban compartiendo en la clase.
Hace un año yo no sabía nada sobre Mike Morales. Ahora hojeaba el libro recordando lo que me habían platicado sobre la animación de Spider-verse. Intenté ver cada ilustración como si necesitar responder los ejercicios de apreciación. Después me puse a explorar la colección digital de Rijksmuseum para evaluar de la misma manera sus cuadros. Recordaba que antes era más fácil explorar su archivo digitalizado. Ahora me parece menos diverso y más curado, aunque la navegación es más rápida.
«¿Qué te pareció el libro?» me preguntó la maestra, cuando fue a recogerlo a final de clase. Solo le dije «bien», sin señarle cómo me impresionaba la forma en que están dibujadas las posturas de los personas y toda la reflexión que hubo detrás de las decisiones de estilo. Tampoco le comenté todo lo que no decía el libro sobre las películas.
Al terminar la clase fui a buscar algo de comer. Eran ya las seis y solo había comido yogur con fruta en todo el día. Se me había acabado la despensa, excepto los nopales que sigo sin cocinar. Al ir por mi bicicleta, volví a ver a la maestra con un casco y dirigiéndos a desencadenar su bici.
Me volví a decir que las semejanzas son engañosas y es mejor ignorarlas.
Quería volver a casa a ver mis propias fotos y evaluarlas en término de composición. No lo hice. Al acostarme en la cama me quedé dormido. Pero este fin de semana me puse a crear unas herramientas para organizar mi propio archivo. Hice un script que comprime las imágenes para enviarlas a la API de Claude. No lo hace mal, pero las fotos que más me gusta las renombra mal. No identifica bien los objetos ni el tema. Al revisarlas, me di cuenta que la composición de las fotos hacen que los detalles no sean tan claros. Hay que inferir más. Me pregunté si me gustan por ese mismo motivo. Son imágenes que no son evidentes.
Ayer leí un libro sobre retratos en un café que visité por primera vez. Me amplió el panorama de lo que es un retrato. Algunos de los ejemplos no eran fotos de personas o no se fotografiaban los rostros. Para el autor, un retrato era una foto sobre las personas, y retratar el entorno de la persona es otra forma de mostrar cómo es. Ese tipo de fotos me costaría menos trabajo.
Recordé algunos retratos que solo pensé y nunca hice. Probablemente hubieran sido buenas fotos. No me lamento no haberlas tomado, están muy grabadas en mi memoria. Y de cualquier forma, siempre vuelvo a ver esas caras en nuevos rostros.
La mesera del café no me recordó a nadie y agradecí eso. Me pregunté si practicaba ballet por cómo colocaba los pies para luego ponerse de puntitas. Quizá solo lo hacía porque la barra de la cafetería le quedaba alta. Tuve tentación de preguntarle directamente, pero preferí no inquirir más.
Al volver a casa pensé más sobre los rostros y sobre cómo las personas se parecen aunque no se vean igual.